'Y de repente… nos vuelven a empujar al vacío'

Escrito por BUZÓN DE LOS LECTORES. 28 de junio de 2020, domingo.

Una madre del colegio público de educación especial 'Enrique Viviente' de La Unión, a través del AMPA, expresa en una carta abierta su sufrimiento tras conocer los resultados de los análisis de contaminación del suelo donde se encuentra el centro y reclama a las autoridades gestiones inmediatas para conseguir un entorno seguro. "No hablamos de números, hablamos de nuestros hijos", expresa.

"Todo comienza con la maravillosa historia de ser madre, con la maravillosa idea de crear una familia, de ser o al menos intentarlo… ser feliz.

Todo es perfecto, soy madre de una criatura maravillosa que me hace ser la persona más feliz del mundo.

Y de repente… me empujan al vacío.

Mi historia no es distinta de otras historias de padres que he conocido en el Enrique Viviente.

Cuando te dicen que esperas un hijo sabes que tu vida va a cambiar radicalmente. Tus prioridades se tambalean, se reordenan. Tus necesidades pasan a ser sus necesidades y tu felicidad muchas veces se debe a la suya.

Cuando además tu hijo nace con una discapacidad, tu vida es la que se tambalea.

Desde el nacimiento de tu hijo todo es una lucha. Lucha para que consiga aprender cosas que otros niños de su edad aprenden de forma natural, lucha para encontrar la mejor terapia, la mejor estimulación que haga que tu hijo lleve una vida lo más normalizada y plena posible, luchar por su autonomía, por tantos y tantos “necesita y será bueno para su futuro”.

Son muchas noches sin dormir, muchos llantos en silencio, muchas sonrisas forzadas, muchos gritos a escondidas, muchas tomas de decisiones que influirán en el bienestar de tu hijo. Porque eso es lo que persigues, su bienestar.

Muchos padres cuando lean esta carta coincidirán conmigo en que una de nuestras mayores preocupaciones es el centro educativo al que irán nuestros hijos al llegar la escolarización obligatoria.

No queremos que vayan a cualquier centro, no elegimos un centro al azar. Este centro tiene que reunir una serie de características ya que nuestros hijos pasarán muchos años en él. Ese centro se convertirá en su segunda casa.

Pues bien, yo tuve la suerte de encontrar el mejor colegio que podía imaginar para mi hijo. Un colegio pequeño, familiar, en el que encontré profesionalidad y cercanía, un colegio en que a veces me pregunto si ellos le están dando más cariño que yo, lo quieren, lo educan, son su familia, son mi familia: el colegio de educación especial Enrique Viviente en La Unión.

Encontré un equipo de profesionales siempre atento a las necesidades de sus alumnos, siempre innovando, pendientes de cada detalle, sin parar de dibujar sonrisas y contagiándonos a las familias su entusiasmo, dónde por fin vemos que ese camino lleno de baches y curvas se convierte en un camino plagado de grandes personas, profesionales y con tanta humanidad jamás conocida por mi parte antes. Pero sabéis qué fue lo más importante; que siempre van buscando el bienestar de nuestros hijos y para mí, desde el primer momento de conocerlos y tratarlos fue cuando empecé a creer en la palabra confianza.

Comprenderán que después de años de incertidumbre había alcanzado cierta tranquilidad. Mi hijo estaba feliz, mi hijo estaba avanzando, mi hijo… era tratado como merecía y hasta la fecha…en un entorno seguro.

Y de repente… vuelven a empujarte al vacío.

Cuál es mi sorpresa que después de unos meses de incertidumbre mundial, de desasosiego familiar, de preocupación porque mi hijo no está asistiendo al centro al que cada mañana me dice “mamá cuándo voy a ir al cole” recibo una información al recibir los resultados de un Análisis Cuantitativo de Riesgos que declara:
'En base a los resultados obtenidos en el análisis cuantitativo de riesgos (ACR) realizado se concluye que los 'niveles de riesgo cancerígeno y tóxico para la salud humana' quedan por encima de los límites de admisibilidad para el caso de exposición directa al suelo'.

Por otro lado, la vía de exposición 'al aire exterior indica un riesgo cancerígeno ligeramente superior al admisible'.

El riesgo existente en la zona investigada se debe fundamentalmente, a la concentración de arsénico.

El entorno que yo creía seguro para mi hijo, no lo es. De hecho, es perjudicial y por lo que afirman y certifican unos profesionales… afectarle seriamente a la salud. Y sabéis, no es una salud normal, no es una salud completa y fuerte porque desgraciadamente, son muchas las dificultades que mi hijo y sus compañeros presentan, dónde en ocasiones la línea de vivir sonriéndole a la vida o sufrir y tener miedo… es muy fina.

Considero que nuestros hijos han librado ya muchas batallas y no se puede jugar con la salud de estos niños tan vulnerables.

Me preocupa las consecuencias que esa toxicidad de la que se habla en el citado informe, pueda tener en la salud de mi hijo.  

Dentro de unos años ¿padecerá alguna enfermedad como consecuencia?, ¿alguien puede asegurarme que no?, ¿parte de las dificultades que en ocasiones se le presentan, pueden ser consecuencia de lo certificado en este informe?...

Exijo que se tomen las medidas oportunas para asegurar a las familias que nuestros hijos no corren ningún riesgo acudiendo al colegio. Estamos hablando de seres humanos, de seres humanos con ciertas dificultades que los hacen especiales y van cada mañana a un centro educativo, a un entorno dónde aprenden, juegan, vivencian, manipulan, tocan… y resulta que ahora parece que van a una refinería, a una central nuclear porque eso es otra, próximamente viene a realizar un estudio el Consejo Nuclear de Seguridad Nacional… ¿Tan peligrosos son los libros en los colegios?, ¿tanta toxicidad tienen las colchonetas?, ¿Con qué materiales se educa hoy en día en los centros educativos para que este tema sea normal en las administraciones educativas, de salud y también medio ambientales?

Pido que el colegio de mi hijo sea un entorno seguro, sea eso, educativo. Un entorno dónde se vuelva a sonreír, dónde se hable de números, letras, estimulaciones y se respire un aire educativo y no cancerígeno o radioactivo.

Espero que la prioridad de las autoridades competentes sea el bienestar, la salud y la seguridad de los alumnos y profesionales del Colegio de Educación Especial Enrique Viviente.

No hablamos de números, no hablamos de presupuestos, no hablamos de un mañana; hablamos de un presente, de vidas humanas, de salud, de emociones y sentimientos, hablamos de nuestros hijos.

Espero que cada lágrima que estoy soltando desde el momento en el que me enteré, cada noche sin dormir, cada sentimiento de culpabilidad por haber permitido que mi hijo vea perjudicada su salud… sea recompensada, sea escuchada, por mi hijo doy la vida, mi hijo es mi vida y le he prometido que voy a luchar por que sea la que necesite, la que merece, cueste lo que cueste".


* Carta abierta enviada por una lectora de La Unión de Hoy que se ha identificado perfectamente pero que prefiere mantener el anonimato en la firma del artículo.

* Texto remitido en el que se respeta el contenido íntegro, la redacción y la ortografía



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