Al amparo del desmadre

'BaDarKaBlar' regresó a los escenarios con una muy simpática y alocada obra en la que una singular posesión demoniaca y algunos crímenes campan a sus anchas por una casa muy mirada, pues el éxito de público acompañó la puesta en escena de 'Exorcismo en casa de Amparo'.
Había expectación por el retorno a los escenarios del grupo teatral unionense, cuya actividad se ha centrado en ensayos en los dos últimos años, y más porque se trataba de una obra completa en lugar de una sucesión de 'sketch', palabra del inglés que en español significa 'boceto' y que se utiliza para 'escenas breves'. La verdad es que acertaron plenamente e hicieron disfrutar a un público que llenó las butacas de la primera sesión y que ocupó tres cuartos de la segunda en el centro cultural Asensio Sáez, donde este año funciona el aire acondicionado, y donde el espectador tiene cercanos a los actores.
No es cuestión de desvelar la trama en este artículo, pero sí podemos hacer referencia a ella a través de sus singulares personajes, todos con muy buena interpretación, lo que se agradeció, además del buen ritmo de escena, con ágiles diálogos directos (nada pesados) y nítidos, enriquecidos por los gestos de los ocho protagonistas.

El epicentro está en la casa de Amparo, viuda de Manolo. Ella nos recordó, en su caracterización, al 'Mortadelo' de Ibáñez, lo que enriqueció con una interpretación trepidante en la que también relució un fuerte 'instinto básico'. Él, como espíritu, se parecía al peliculero 'Bitelchús', con el matiz de que era un hombre pegado a una botella, en este caso, de 'tinto básico'. Fue asesinado por su esposa, pero ése no era el principal problema, el cual estaba en Sofía, la hija, quien estaba poseída por el gamberro y festero demonio del 'Coñoloco'. Por cierto, muy bien la cama, muy buena la puerta de la habitación y, en general, el resto del atrezo (o utilería) distribuido por el escenario, incluidos los dictadores personajes a los que tiene devoción Amparo y que van rotando por el cuadro principal de la estancia.

Volvamos al elenco. El padre Antonio, quien utiliza más el líquido etílico que el 'agua bendita' además de llevar una cruz de madera por pistola en el cinturón, es el encargado de efectuar el exorcismo, lo que lleva a cabo con una estola bufandera de la Deportiva Minera un día y con otra del CD Ciudad de La Unión, al siguiente.

Hay más personajes, como Fernanda, la 'pre-pre-presidenta' de la comunidad (y persona de desgarradoras emisión de órdenes), y su alocada y nada pulcra hija, Mariluz, de 'zorreantes' bailes. También está Gladis, una monja muy amiga de lo ajeno que es debilidad del curica y a la que también deberían efectuar un exorcismo a su faceta de cantaora flamenca.

Uno ya estaba muerto, otra lo estará y hubo quien estuvo cerca también de estarlo en una obra donde vimos que las magdalenas son difíciles de digerir y que no siempre son producentes para perdurar con o sin salud. Por cierto, hay quien muerta está para comérsela. Aún no están todos, pues falta la catequista Sonsoles, que luego llegó con más 'papeletas'.
¿Y qué sería una obra de 'BaDarKaBlar' sin puyas?, pues, le faltaría 'algo'. En este caso son 'puntillas' políticas, como la alusión de la venta del agua a Acciona o a conceder un premio del Cante de las Minas a conveniencia. Las ovaciones del público plasman que acertaron en vertir esos comentarios, a los que después se unió la reprimenda a la autoridad presente de que el grupo teatral no ha tenido subvención este año.

No vamos a desvelar el desenlace de la posesión, pues todo se soluciona 'de golpe' en la casa de Amparo y sus desmadrados residentes y visitantes.
* En breve añadiremos galería de fotos