"Portmán no es grande en extensión, pero sí infinita en devoción"

Antonio Meroño Clemente 'Jayam', en un acto que se celebra por primera vez en cuaresma, anunció con un emotivo pregón la Pasión de la localidad costera. "Las lágrimas de la Dolorosa no son de madera, son las de un pueblo que ha sabido sufrir y amar", dijo, además de recordar que la Semana Santa "no es sólo para descansar del trabajo, es una semana para trabajar el alma". Las saetas enriquecieron la tarde en la iglesia de Santiago.
- Vídeo grabado por Jayam Fotógrafo y montado por Juanjo Carrillo ('la-union-ciudad-del-cante-y-minera.es'):
La iglesia de Santiago Apóstol de Portmán acogió en la tarde-noche de ayer el pregón de Semana Santa a cargo del fotógrafo unionense Antonio Meroño Clemente, quien recordó la fe de este pueblo y los sufrimientos de sus hombres y mujeres, que gracias a esa fe siempre han superado.

"Portmán, tus pasos se escuchan más allá de tu límite; tu Semana Santa no es sólo tuya, es de todos los que encuentran en ella el reflejo de su propia alma"

Jayam (Antonio) llevó a cabo un recorrido por la procesión tan especial, cuando todo el pueblo se apaga y la Santísima Virgen Dolorosa y el Santísimo Cristo del Silencio avanzan, portados a hombres en el silencio y la oscuridad.

Antonio Meroño culminó su oratoria anunciadora de Semana Santa con un bonito poema.

A continuación el cantaor unionense Sebas Andreu acompañado del tambor de Paco, interpretaba una saeta dedicada a la Virgen Dolorosa, para dar paso a la presentación del cartel anunciador de la misma, obra también de Antonio Meroño.

Una vez descubierta la imagen oficial de 2026, de nuevo el cantaor, con Paco al tambor, interpretó una saeta al Santísimo Cristo del Silencio.

El presidente de la cofradía de Cristo del Silencio, Juan Carlos Zapata y el alcalde de La Unión, Joaquín Zapata García, fueron los encargados de cerrar el acto.
EL PREGÓN DE ANTONIO MEROÑO CLEMENTE 'Jayam':
"Don Andrés, me da usted su permiso.
Ilustrísimo Alcalde de La Unión, Joaquín Zapata, alcalde pedáneo, Gines Raja, autoridades y cristianos creyentes buenas tardes.
Quiero empezar este pregón pidiéndole a Jesucristo me perdone por el atrevimiento de hablar de su misterio más grande su Muerte y Resurrección.
También quiero dar las gracias a la persona que este verano se dirijió a mi para pedirme que hiciera este pregón, entonces todavía era presidenta, Mari Conchi Verdú, y también gracias JuanCarlos, porque has visto bien a mi persona para poder hablar de Jesucristo, muchas gracias a los dos.

Y ahora empiezo con mi pregón que lo inicio al día siguiente del carnaval, que es el día que se celebra el Miércoles de Ceniza, que es el día que da comienzo la Cuaresma, que son los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto ayunando y sufriendo las tentaciones de Satanás, hasta la tarde del Jueves Santo que es cuando acaba la cuaresma.
Durante la Cuaresma es el tiempo para que los cristianos practiquemos el arrepentimiento, la oración, el ayuno, la humildad, en definitiva para hacer un examen de conciencia de nuestra relación con Dios.
Con esta preparación los cristianos preparamos nuestros corazones para experimentar plenamente la Semana Santa.
Porque ¿Cuál es el verdadero significado de la Semana Santa? ¿Estar de vacaciones? ¿Ver los desfiles? No, el verdadero significado es el de conmemorar el objetivo principal de Dios sobre la tierra, que consiste en la entrega de su único hijo Jesucristo a cambio del perdón de los pecados de la humanidad. Profundizando un poco en todo esto, descubrimos que estos hechos no sólo cambiaron el curso de la historia humana, sino que transformaron espiritualmente a la humanidad.

¿Te has parado a pensar que cuando besas la Cruz el Viernes Santo, estás aceptando las cruces de tu vida? o ¿Que al renovar las promesas bautismales el Domingo de Resurrección, estás reafirmando tu identidad como hijo de Dios?
La Semana Santa no es sólo una semana de descansar del trabajo, es una semana para trabajar el alma. No se trata sólo de recordar la Pasión de Cristo, sino dejarnos transformar por ella.

Como decía San Juan Pablo II: "No tengas miedo de mirar al crucificado. Él no vino a condenar al mundo sino a salvarlo"
La gran respuesta a que pasó en Semana Santa no se limita al sufrimiento y la muerte. Todo eso tiene sentido porque el final no fue la Cruz, sino la vida nueva. Y si Cristo Resucitó, nosotros también podemos resucitar a nuestras propias muertes, la desesperanza, el pecado, la rutina espiritual, el egoísmo.

La Semana Santa es el anuncio de que siempre hay un nuevo comienzo.
Si hablamos de la Semana Santa de Portmán yo diría que Portmán por ser tierra de mar y de mina encierra una historia profunda y sus gentes son de gran corazón, que late al compás del tambor del penitente. En sus calles que miran al horizonte de ese Mar Mediterráneo, cada piedra del camino guarda el susurro de generaciones que han alzado la mirada al Cielo en busca de consuelo, esperanza y redención.

En Portmán la Semana Santa no es sólo tradición, es el alma de un pueblo que transforma su rutina en rito, su silencio en oración y su esperanza en encuentro.
La primera procesión que sale a la calle en Portmán es la del Domingo de Ramos, donde se unen las dos cofradías, los niños agitan los ramos de olivo y las palmas y los mayores reviven la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, recordando que la misma multitud que lo aclamó, días después pidió crucificarlo.
Portmán se viste de fe, de marcha lenta, de mirada baja, pero de corazón elevado.
La otra procesión que siempre vemos anunciada como de Jueves Santo, no es tal, ya que su salida es a las 0 horas del Viernes Santo, cuando Portmán es silencio, es oscuridad, cada paso de los procesionistas retumba en las entrañas del Puerto Antiguo, como eco de los que caminaron antes.
Las cofradías con sus túnicas, sus caput, sus hachotes portando imágenes cargada de expresión. Las lágrimas talladas en el rostro de la Dolorosa no son de madera, son las lágrimas del pueblo entero, que ha sabido sufrir y amar, esperar y seguir adelante. La Virgen con su corazón traspasado por siete espadas avanza entre el murmullo de los penitentes, iluminada sólo por la tenue luz de los cirios.
Las calles se llenan de silencios elocuentes, de saetas espontáneas que quiebran el silencio de la noche con sus quejíos de dolor ante Jesucristo Crucificado, de miradas bajo el caput que se encuentran bajo la luz tenue del hachote.
Tras la Dolorosa también portado a hombros ese guapo Cristo Crucificado que nos lleva a pensar en el sufrimiento y el dolor que Jesucristo vivió.
La condena a muerte, la Cruz, sus tres caídas, el encuentro con María, la ayuda de Cireneo, la limpieza de su rostro, el consuelo a las mujeres, el despojo de su ropa, fue clavado y murió en la Cruz, es bajado de la Cruz y entregado a María y fue sepultado, todo esto lo vivió Jesucristo en unas horas y entregó su vida para salvarnos.
Portmán no es grande en extensión, pero es infinito en devoción, las manos que levantan los tronos, también levantan sueños, los costaleros no sólo cargan madera, llevan en sus hombros las promesas de las madres, los recuerdos de los abuelos, las plegarias de quienes ya no están, pero siguen caminando entre nosotros, en cada corazón una historia se entrelaza con la Pasión.
Echamos de menos en Portmán esa explosión de alegría que se vivía el Domingo de Resurrección, con el Resucitado por las calles y llevado en Romería a celebrarlo en el monte, con la eucaristía y día de convivencia y alegría, Portmán ha rejuvenecido y hay que animar a los jóvenes a recuperar este acontecimiento, convencidos de que la fe nos sostiene y nos impulsa.
La Semana Santa en Portmán es mucho más que una cita en el calendario, es una vivencia que atraviesa los sentidos y nos recuerda que incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay una luz que nos guía.
Portmán, tu FE emociona, tus pasos se escuchan más allá de tus límites, tu Semana Santa no es sólo tuya, es de todos los que encuentran en ella el reflejo de su propia alma.

Y para terminar, quiero leer un pequeño poema que he escrito con referencias del pregón:
POEMA
¡Portmán, despierta!
Que la mar se ha vestido de incienso y de luna,
y el viento, que sabe de penas antiguas,
susurra plegarias al Cristo del Silencio.
Silencio camina….
por calles estrechas, con paso solemne,
y el Cristo, con Cruz en la espalda,
nos mira sin ojos…
nos habla sin voz.
Sus manos abiertas, sus labios cerrados,
nos cuentan del peso que nunca se olvida. Del,hombre que carga los males del mundo,
y aún así…. Bendice.
Tras Él, Dolorosa, la Madre que llora,
con manto de estrellas y rostro de sal.
Sus ojos de cielo, su pecho partido,
nos lleva en su duelo…
nos cubre de paz.
¡Oh pueblo de Portmán!
Que el llanto es sagrado si nace del amor,
y el paso que avanza entre cirios y sombras
es canto de vida….
es grito interior.
Que suenen las saetas, que tiemble la piedra,
que el puerto se inunde de fe y pasión.
porque en cada esquina, en cada mirada,
procesa la historia….
procesa el perdón.
Y cuando la noche se cierre en su manto,
y el Cristo regrese a su altar callado,
la Virgen Dolorosa, con paso cansado,
nos deja el consuelo…
de lo ya entregado.
Portmán, marinero de alma cristiana,
que en Semana Santa se vuelve oración,
guarda en tu pecho, como en relicario,
el eco sagrado….
de esta procesión.
Buenas noches y a disfrutar de nuestros desfiles.
Antonio Meroño Clemente
Portmán 2026"

